‘Cowboy Bebop’ brilla cuando se centra en su trío protagonista pero la serie de Netflix resulta desigual en líneas generales

Es inevitable que algo que tenga éxito se intente exprimir a fondo. A priori, el riesgo es mucho menor y además tiene una base clara sobre la que basarte. ‘Cowboy Bebop’ no deja de ser otro ejemplo de esa tendencia de la industria del cine, pues se acusa mucho a Hollywood de ello, pero en Japón ya hubo una época en la que se abusó muchísimo de las adaptaciones en imagen real de mangas o animes de éxito.

En el caso que nos ocupa ha sido Netflix la que consiguió sacar adelante una adaptación en forma serie del mítico anime tras años y años barajándose hacer una película. El próximo 19 de noviembre es cuando llegará su primera temporada a la plataforma, pero yo ya he podido ver sus cuatro episodios iniciales, habiendo quedado muy satisfecho con su trío protagonista, pero bastante menos con todo lo demás.

No es una mera reproducción

El gran problema al que se enfrentan muchas obras como ‘Cowboy Bebop’ es al hecho de confiar tanto en la obra original que se limitan a copiar todo lo que pueden de ella. Es como si pensaran que lo que funciona en animación va a hacerlo igual de bien en imagen real, y mucho me temo que lo más habitual es justo lo contrario. En el caso que nos ocupa sí que existe una tendencia a inspirarse, pero no hay una sumisión, permitiéndose hacer los cambios que se crean oportunos para intentar encontrar su razón de ser más allá de los homenajes más o menos obvios.

Eso parte surge fruto de la necesidad, pues los episodios del anime pasaban por poco de los 20 minutos de metraje, mientras que aquí solamente el segundo baja de los 40. Sí que se amplían las misiones a las que han de hacer frente los tripulantes de Bebop, pero también se da más peso a la vida personal de sus protagonistas, buscándose dar algo más de fondo a sus motivaciones, algo que funciona mejor como idea y motor de sus acciones que cuando la serie tiene que centrarse realmente en ello.

El mejor ejemplo de ello lo tenemos con Jet y la obsesión que tiene por conseguir algo durante los primeros episodios. Eso sirve de motivación incluso para las misiones que Spike y él asumen y es bastante divertido ver cómo la cosa se le complica más y más, pero cuando toca indagar más en su propia historia personal, ‘Cowboy Bebop’ se siente algo plana. Y es una pena, porque la original manejaba eso de maravilla, sabiendo dar una dimensión trágica a la misma que le encajaba como un guante hecho a medida.

Luces y sombras de ‘Cowboy Bebop’

Ahí es donde tenemos la principal debilidad de la serie, ya que quiere jugar a lo mismo que la obra original, donde se alternaba la diversión, la acción y la emoción con mucha habilidad, mientras que aquí los cambios de enfoque no terminan de encajar del todo bien, brillando más cuando se centra en la camaradería entre Jet y Spike y también con la desconfianza que genera la presencia de Faye. Obviamente, eso se debe en parte a los guiones, pero sobre a lo bien escogidos que están los actores y a la química que comparten. Por eso lado ni la más mínima pega.

El resto de elementos resultan algo más erráticos. Hay buenas y variadas ideas visuales pero la ejecución nunca termina de estar a la altura de sus intenciones. Tampoco es un desastre -si acaso, puntualmente pueden resultar algo forzadas-, pero incluso en las más conseguidas queda la sensación de que podrían haberse aprovechado mejor.

Además, choca un poco el atrevimiento que muestra en algunos detalles de las misiones para luego apostar por un enfoque más convencional en los aspectos más personales de los protagonistas. Ahí la serie carece de chispa y me temo que entrar tan pronto con el pasado de Spike no ha sido precisamente un acierto. Entiendo el motivo y no está mal tirado para darle más profundidad al asunto, pero la ejecución no engancha.

Al final, lo que sucede es que ‘Cowboy Bebop’ tiene que ser muchas cosas al mismo tiempo y no existe la armonía que sí tenía el anime original. Claro que ayuda, y mucho, volver a contar con Yoko Kanno para la banda sonora, que menos mal que no se conforma con ser una réplica y que bravo al responsable de casting en lo referente a sus protagonistas -ya con otros personajes la cosa es menos estimulante-, pero no creo que el showrunner André Nemec haya hecho un buen trabajo dándole la unidad necesaria y además puede que haya captado bien la parte de diversión, pero en la de acción falta espectacularidad -es como si quisiera lucir mejor de lo que tiene medios para conseguir- y en la de emoción poquito que rascar.

En resumidas cuentas

‘Cowboy Bebop’ es mejor que muchas adaptaciones similares que nacían ya prácticamente muertas por querer ser una mera reproducción del material original. Por desgracia, a la serie de Netflix le falta fluidez y el equilibrio narrativo necesario para sacar partido a sus virtudes, que van más allá de los acertados fichajes de John Cho, Mustafa Shakir y Daniella Pineda.

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